Cómo saber cuál es tu tipo de piel

No siempre es fácil tener una piel fresca y radiante. Los expertos en belleza pueden darte muchos consejos valiosos, pero también pueden dejarte confundida y abrumada.

Aunque en el mundo del cuidado de la piel no existen atajos ni fórmulas mágicas, es importante que conozcas las características de los distintos tipos de piel, para que puedas cuidarte mejor.

Desglosando los tipos de piel

Cada persona tiene una piel diferente, y es fundamental que sepas identificar cuál es la tuya. Típicamente clasificamos nuestra piel en función de su color y de su reacción a los rayos del sol, pero ese baremo dejó de utilizarse hace mucho tiempo. Hoy en día las empresas de cosméticos han desarrollado diferentes esquemas para clasificar los tipos de piel, considerando el nivel de hidratación, sensibilidad y secreción sebácea, entre otros factores.

Por lo general, los genes de una persona también influyen en el tipo de piel que tenga. Sea cual sea el criterio a utilizar, cada tipo de piel posee características únicas. A continuación pasamos a describir los tipos de piel, y cómo se debe cuidar cada uno.

Pieles sensibles

La piel sensible puede desarrollar picores y fragilidad, además de rojeces y otras molestias. Además, como la barrera protectora de la piel es más débil, los microorganismos pueden penetrarla fácilmente, provocando alergias e infecciones cutáneas. Si este es tu tipo de piel, debes escoger tus productos con mucho cuidado, para que evites aquellos que desencadenan la sensibilidad.

Pieles secas

Las características más típicas de la piel seca son la textura áspera y la tendencia a la descamación. Esta piel tiene menos elasticidad, y puede presentar grietas en algunas zonas, lo que la deja más expuesta a las bacterias que causan ciertos trastornos cutáneos, como el eczema y la dermatitis.

Si tu piel entra en esta categoría, es posible que tus poros sean considerablemente más pequeños que los de otros tipos de piel. También es posible que tu piel se sienta tensa, y que tenga líneas de expresión más visibles.

La mejor solución para la piel seca es hidratarla y humectarla con frecuencia. Puedes hacerlo por la mañana, después de la limpieza facial, y antes de acostarte. Elige productos ricos en ingredientes hidratantes, como lociones y cremas espesas.

Pieles grasosas

La piel grasa es brillante y espesa por todas partes. La hidratación no es un problema en estos casos, ya que la piel produce más grasa de la necesaria. Sin embargo, también es una piel más propensa a los brotes. Una inspección minuciosa mostrará que los poros son más prominentes de lo normal, lo que aumenta las probabilidades de que se tapen con la grasa y el sudor.

La limpieza elimina temporalmente la secreción de sebo, pero enseguida tendrás que recurrir a alguna toalla secante. Debido a la profusa secreción de grasa, no necesitarás usar cremas hidratantes ni emolientes pesados. En cambio, puedes usar lociones y productos sin aceite.

Pieles mixtas

Como lo sugiere el término, se trata de un punto intermedio. La piel puede ser seca en su mayor parte, pero presentar manchas de grasa en ciertas zonas. Por ejemplo, la zona de la nariz puede tener poros grandes y obstruidos, pero el resto del cutis presenta las características de la piel seca. Para cuidar este tipo de piel, hay que hidratar únicamente las zonas secas y evitar las zonas grasosas.

Piel normal

Este tipo de piel presenta el equilibrio adecuado. No es ni demasiado grasosa, ni demasiado seca, ni demasiado sensible. Presenta un tono general uniforme y un aspecto suave, sin poros perceptibles ni imperfecciones aparentes. Las personas que entran en esta categoría pueden sentir la suavidad de su piel, sobre todo después de cada limpieza.

El cuidado de una piel normal no requiere mucho esfuerzo, ya que puede retener su humedad natural durante todo el día. Sin embargo, cuando hace calor, la parte media de la cara (la frente por encima de las cejas, la nariz y la barbilla) puede ponerse ligeramente grasosa. Por lo general, no es necesario aplicar productos pesados. Los sueros y las lociones más ligeras serán suficientes.

Cómo saber cuál es tu tipo de piel

Existen pruebas caseras que puedes hacer para determinar en qué categoría entras. Sin embargo, tendrás que observar muy de cerca las reacciones que presente tu piel, para reducir cualquier margen de error al mínimo.

Una forma de hacerlo es examinar cómo reacciona tu piel después de una típica rutina de limpieza facial. Asegúrate de utilizar un producto facial suave, y de secarte la piel con suaves golpecitos. Si tienes una piel normal, deberías sentirla bien hidratada. En cambio, si percibes una textura escamosa, probablemente tengas la piel seca. Si la sientes grasosa, entonces seguramente tengas la piel grasa. Por último, si la sensación grasienta solo se encuentra en la zona central del rostro, posiblemente tengas una piel mixta.

Otra forma de evaluar tu tipo de piel es utilizando hojas secantes. Después de lavarte la cara, presiona una hoja sobre tu piel y observa la cantidad de grasa que absorbe. La piel grasosa no será difícil de detectar, mientras que la piel seca casi no dejará marcas de aceite. Y de nuevo, si la grasa se concentra solamente en la parte media del rostro, es posible que tengas una piel mixta.

Conclusión

Independientemente del tipo de piel que tengas, puedes desarrollar una rutina segura para cuidártela. Solo necesitas aplicarte los productos adecuados, aquellos que se ajusten a las necesidades de tu piel. Así estarás dando los primeros pasos para tener una piel lozana y bien cuidada.

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